Dos fechas del mismo año

El 28 de julio de 2021, el Instituto Nacional de Estadística divulgó los resultados preliminares de los censos. Barrancos aparecía en ellos con 1 435 residentes, 399 menos que diez años antes: una caída del 21,8 por ciento, la mayor de los 308 municipios portugueses. Cuatro meses después, el 26 de noviembre, la Asamblea de la República aprobó por unanimidad el diploma que reconoce y protege el barranqueño.

Ambas cosas se refieren al mismo lugar y casi nunca se leen juntas. El municipio más pequeño de la Portugal continental vio, en el mismo año, cómo su manera de hablar entraba en el Diário da República y la comunidad que la habla perdía a uno de cada cinco miembros.

Hay una tercera fecha que cierra el triángulo, y esta no es conmemorativa. El plazo que la ley se fijó para ser reglamentada expiró el 28 de julio de 2022. Cuatro años después, sigue sin cumplirse.

Lo que dice la ley y la palabra que no figura en ella

El diploma es la Ley n.º 97/2021, de 30 de diciembre, publicada en el Diário da República del 30 de diciembre de 2021 y promulgada el 19 de diciembre. Resultó de dos proyectos, uno del PS, presentado el 1 de marzo de 2021, y otro del PCP, presentado el 16 de abril, fusionados en un texto único.

Consta de siete artículos cortos. El Estado reconoce el derecho a cultivar y promover el barranqueño, «como vehículo de transmisión del patrimonio cultural inmaterial, instrumento de comunicación y elemento de refuerzo de la identidad de la población de Barrancos». Reconoce el derecho a su aprendizaje en las escuelas, «en los términos que reglamente el Ministerio de Educación». Permite que las instituciones públicas del municipio emitan documentos acompañados de una versión en barranqueño. Y prevé apoyo científico y educativo para la investigación, centros de documentación, formación de profesorado y el desarrollo de una convención ortográfica.

La comparación que permite dimensionar el texto es con la ley del mirandés, la Ley n.º 7/99, de 29 de janeiro, de la cual la de 2021 es, artículo por artículo, un calco cercano. Con una diferencia que se lee en las dos primeras líneas: la ley de 1999 habla de «lengua mirandesa»; la de 2021 nunca escribe la palabra lengua —dice siempre «el barranqueño»—. Una segunda diferencia radica en el plazo: 90 días para reglamentar el mirandés, 180 para el barranqueño.

El plazo transcurrió. Un informe de la propia Asamblea de la República sobre leyes pendientes de reglamentación enumera la Ley n.º 97/2021 con el plazo vencido el 28 de julio de 2022 y el estado señalado como no reglamentada. Un reportaje de Alentejo Ilustrado, en marzo de 2025, añade que no se ha asignado ningún presupuesto para la ejecución de la ley.

Lo que se escucha al escuchar barranqueño

El barranqueño no es portugués con acento. Los investigadores que lo estudian lo clasifican como lengua de contacto: un sistema con reglas propias, nacido del encuentro prolongado entre el portugués meridional y las variedades españolas del sur, la andaluza y la extremeña.

Los rasgos son audibles y descriptibles. La -s y la -z finales se aspiran o caen: cruh por cruz, buhcá por procurar. La -l y la -r finales desaparecen: Manué. La -l entre vocales pasa a r: argo por algo. La -e final se cierra en -i: pobri. La j y la g de ge y gi suenan a la española. En el léxico y en la gramática se introducen formas castellanas: nusotrus en lugar de nós, andubi en lugar de andei, el diminutivo en -ito donde el portugués emplea -inho.

La morfosintaxis es el ámbito donde la mezcla se vuelve estructural. Clements, Amaral y Luís describieron en 2008 la colocación proclítica del pronombre, la duplicación del objeto indirecto y el uso del pretérito perfecto compuesto según el patrón español, rasgos que no se explican mediante el préstamo de palabras, sino a través de un contacto profundo entre gramáticas. Una frase publicada en 2025 por Alentejo Ilustrado resume el efecto mejor que cualquier descripción: «Quasi que mê caio.»

No es una clasificación pacífica ni antigua. Maria Filomena Gonçalves y María Victoria Navas Sánchez-Élez propusieron en 2020, en la revista Estudos de Lingüística Galega, que el barranqueño sea tratado como lengua lato sensu y lo describieron como «una lengua de contacto, minoritaria, amenazada y en peligro de extinción». Navas Sánchez-Élez había publicado en 2011, a través de la Editorial Complutense y del Centro de Lingüística de la Universidad de Lisboa, El barranqueño. Un modelo de lenguas en contacto, la monografía de referencia. Antes de todos ellos, José Leite de Vasconcelos realizó trabajo de campo en Barrancos en 1938; su Filologia Barranquenha solo se publicó en 1955, de forma póstuma.

Por qué se habla así allí y en ningún otro lugar

La respuesta se halla en la geografía y en la cronología del poblamiento, y resulta verificable documento a documento.

Barrancos nace a la sombra de Noudar, el poblado fortificado que D. Dinis donó a la Orden de Avis el 25 de noviembre de 1307 y que constituía una pieza en la defensa de la línea fronteriza con Castilla. En 1493, un licenciado, Vasco Fernandes, fue enviado para averiguar si Barrancos pertenecía a Castilla o a Portugal; se concluyó que se encontraba del lado portugués, a pesar de que la población era mayoritariamente de origen castellano. En 1532, Barrancos contaba con unos setenta habitantes y Noudar con seis. En 1639, albergaba doscientos fuegos. En 1734, cerca de dos tercios de la población eran españoles, probablemente procedentes de las sierras de Aroche y Aracena, en la actual provincia de Huelva.

El estatus administrativo acompañó a la inestabilidad. Barrancos se convirtió en cabeza de municipio en 1836, con 396 fuegos, cuando la sede se trasladó desde Noudar. Fue disuelto en 1896 y anexionado a Moura como freguesía. Recuperó su autonomía por decreto de 13 de enero de 1898, aprobado por las Cortes el 26 de julio de 1899. La frontera en sí solo quedó formalmente delimitada por el Tratado de Límites del 29 de septiembre de 1864; con anterioridad a este, la raya era una línea imprecisa por la que circulaban personas, ganado y comercio.

Falta el factor que lo fijó todo: el aislamiento no se produce respecto a España, sino respecto a Portugal. Las poblaciones españolas se encuentran a pocos kilómetros; la localidad portuguesa más cercana, Santo Aleixo da Restauração, dista 21 kilómetros, y Moura se sitúa a 50. Durante siglos, el vecino con el que se hablaba todos los días era español y el compatriota quedaba a medio día de camino. Es por este motivo por el cual el barranqueño constituye un caso único y no el primero de una serie: la misma frontera, en otros puntos, no produjo el mismo resultado porque carecía de esta combinación de proximidad y distancia.

¿Cuántos lo hablan? Nadie publica una cifra

No existe una estimación oficial de hablantes de barranqueño. Ni el Estado ni el ayuntamiento publican ninguna, y la investigación académica trabaja con aproximaciones referidas a la población total: Ana Paula Banza, en 2020, describe una comunidad de «menos de 2000 habitantes» en la que la variedad es hablada por todo el mundo; un estudio sociolingüístico presentado en 2021 se basa en entrevistas a 20 hablantes, lo que constituye una muestra, no un recuento.

A falta de una cifra de hablantes, el número de habitantes es el mejor indicador disponible, y la serie temporal es amplia. Barrancos alcanzó su máximo histórico en 1950, con 3 624 residentes. En 1981 eran 2 157; en 2001, 1 924; en 2011, 1 834; en 2021, 1 438 según los resultados definitivos. Entre 1950 y 2021, el municipio perdió cerca del 60 por ciento de su población.

En el ámbito escolar, el panorama es idéntico. El proyecto educativo de la agrupación para 2024-2027 registra 138 alumnos en total, distribuidos entre educación infantil, primaria, primer, segundo y tercer ciclo de secundaria, y señala una merma gradual en todos ellos; el tercer ciclo cayó de 56 alumnos en el curso 2019/20 a 34 en el 2021/22. El índice de envejecimiento del municipio se sitúa en 225 personas mayores por cada 100 jóvenes. Una lengua que se transmite mediante la convivencia cotidiana requiere generaciones superpuestas en un mismo lugar; eso es lo que miden estas cifras.

El contraste que evidencia lo que falta

La comparación más útil no se establece con el mirandés, sino con el aranés del Valle de Arán, en Cataluña, una variedad de occitano hablada en un valle de montaña con un orden de magnitud de hablantes similar al de Barrancos.

El aranés es objeto de protección desde el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979, fue declarado lengua oficial de Arán por la Ley 7/1983 y tercera lengua oficial de Cataluña por la Ley 35/2010. Se imparte en todos los niveles de la enseñanza obligatoria y es lengua vehicular de instrucción en el valle desde 1984. El censo de 2001 apuntaba unos 2 600 hablantes nativos; en 2020, el 61 por ciento de la población del valle sabía hablarlo.

El mirandés se encuentra a medio camino. Dispone de ley desde 1999, convención ortográfica aprobada el mismo año y enseñanza en las escuelas de Miranda do Douro, aunque de carácter opcional, una hora a semana, con escasez de manuales y docentes especializados. Un estudio de la Universidad de Vigo, en 2020, señalaba a unas 3 500 personas con conocimiento de la lengua y a unas 1 500 que la hablan con regularidad.

Entre los tres casos, la diferencia decisiva no radica en el número de hablantes ni en la antigüedad del reconocimiento, sino en la existencia o ausencia de una enseñanza regular dotada de profesores formados y materiales. Arán cuenta con ella desde hace más de cuarenta años. Miranda dispone de una versión reducida. Barrancos posee el derecho consagrado en la ley y ninguna reglamentación que lo haga aplicable.

Lo primero que llegó fue la escritura

Los días 15 y 16 de julio de 2025, el Centro Interpretativo del Barranquenho acogió el II Congreso Internacional dedicado a esta variedad. Al término del mismo, se entregaron al municipio tres instrumentos inexistentes hasta entonces: una convención ortográfica, una gramática básica con ejercicios y un diccionario con más de mil palabras, concebido como obra abierta y disponible en una aplicación móvil. La coordinación corrió a cargo de Maria Filomena Gonçalves y Victor Correia, de la Universidad de Évora, y de María Victoria Navas, de la Universidad Complutense de Madrid.

Nada de esto se realizó al amparo de la ley de 2021, puesto que dicha ley sigue sin reglamentarse. Fue llevado a cabo por dos universidades, por la Cátedra UNESCO de la Universidad de Évora y por el ayuntamiento, en el marco de un programa iniciado en 2017 y financiado por la corporación local. La enseñanza existente adopta un formato episódico: en marzo de 2024 se impartieron tres sesiones de un taller de escritura destinadas a alumnos de primero a tercero de la ESO.

Lo que cambia ahora es concreto y de corto plazo. Una lengua carente de estatus y con hablantes sobrevive; una lengua provista de estatus, gramática y diccionario pero desprovista de transmisión se convierte en archivo. Barrancos cuenta hoy con las herramientas de las que carecía hace veinte años y con menos personas para utilizarlas que en cualquier momento desde el siglo XIX. El paso pendiente —reglamentar el artículo 3.º e incluir el barranqueño en el horario escolar— depende de una resolución administrativa, no de un descubrimiento.