La sombra de los sondeos en el territorio
En mayo de 2023, los registros oficiales del Sistema Nacional de Información de Recursos Hídricos apuntaban a la existencia de 170 sondeos, 21 pozos, siete charcas y tres manantiales catalogados de forma oficial solo en el municipio de Odemira. Este número, centrado en una única geografía local, contrasta con la vastedad espacial de la región e ilustra la dependencia histórica y continuada de captaciones particulares para asegurar la actividad agrícola diaria frente a las necesidades hídricas de los cultivos instalados.
Para comprender la escala de esta distribución en el terreno, la Agencia Portuguesa del Ambiente admitió públicamente en septiembre de 2023 disponer de solo dos inspectores operativos para cubrir un área total de 23 mil kilómetros cuadrados en todo el territorio del Alentejo. Esta proporción representa, en la práctica, un inspector por cada 11 mil quinientos kilómetros cuadrados de territorio, una densidad de fiscalización que dificulta el seguimiento riguroso y continuo de todas las captaciones subterráneas existentes.
Esta realidad territorial pone en evidencia la distancia entre el marco legal y la capacidad efectiva de control físico de las masas de agua subterránea. Mientras los proyectos agrícolas intensivos y superintensivos continúan expandiéndose por las subregiones del Alentejo, la capacidad institucional de fiscalización permanece limitada por recursos humanos escasos frente a la vastedad geográfica que necesita ser monitorizada de forma regular.
La periferia del gran regadío
La expansión agrícola no se ciñó estrictamente a los perímetros formalmente abastecidos por la red pública de Alqueva, generando zonas de transición donde proliferan captaciones paralelas. De acuerdo con un estudio publicado en mayo de 2023 por la Asociación Sistema Terrestre Sustentable, las áreas con riego no autorizado y sondeos ilegales localizados en la zona de influencia directa del proyecto alcanzaban cerca de 6.500 hectáreas en ese periodo.
Para delimitar esta dimensión territorial, estas 6.500 hectáreas de captaciones no autorizadas correspondían, en 2023, al quinto mayor perímetro de riego contabilizado en toda la región del Alentejo, dimensionando el peso significativo que la agricultura marginal o informal detenta en el panorama hídrico regional. Ante esta proliferación, la Empresa de Desarrollo e Infraestructuras de Alqueva comenzó a formalizar denuncias ante la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural solo a partir de marzo de 2022.
Sin embargo, los mecanismos de denuncia y control operados por la EDIA hasta 2023 consiguieron reportar solamente cerca del 35% de la área total identificada con captaciones y uso ilegal de agua en la periferia del sistema. Este porcentaje deja por esclarecer el destino y la fiscalización del 65% restante de la superficie con utilizaciones paralelas detectadas en la misma área de influencia del mayor aprovechamiento hidráulico nacional.
El peso del olivar y del almendro
La presión ejercida sobre los recursos hídricos del territorio del Alentejo encuentra una fuerte correlación en la alteración estructural del tipo de cultivos instalados en las últimas dos décadas. Según el anuario agrícola de 2020 de la Empresa de Desarrollo e Infraestructuras de Alqueva, los cultivos intensivos y superintensivos de olivar representaban el 67% de los 120 mil hectáreas de regadío abastecidas por el proyecto público en ese año.
Esta expresión dominante del olivar en 2020 se traducía en una multiplicación por cinco del área registrada frente a los valores medidos en 2012, alterando profundamente la exigencia hídrica estacional del territorio agrícola. A este crecimiento se sumó la expansión acelerada de otros cultivos de elevado consumo, como el almendro en régimen intensivo, que en 2020 ya representaba el 13% del área total de regadío bajo la tutela de la EDIA.
En términos comparativos de crecimiento temporal, el cultivo del almendro representaba en 2020 una expansión de dieciséis veces frente a los valores que se habían medido en el año 2015. Este dinamismo cultural exigió un reajuste constante de los volúmenes disponibilizados, culminando en la actualización aprobada por el Gobierno en enero de 2026, que elevó el volumen anual máximo de agua de Alqueva afecto a los diferentes usos de 620 a 730 hectómetros cúbicos por año.
La aparente abundancia de la red pública
La lectura más obvia y común sugiere que la existencia de una vasta red pública de regadío, con un área que alcanzaba aproximadamente 130 mil hectáreas en julio de 2026 según la EDIA, elimina por completo la necesidad de recurrir a captaciones subterráneas privadas. El raciocinio lineal presupone que, estando el agua del embalse disponible para abastecer los grandes bloques de riego, las explotaciones superintensivas renunciarían totalmente a recurrir a sondeos locales o subterráneos.
Sin embargo, los datos institucionales contradicen esta suposición de exclusividad de la red pública, revelando que la presión sobre los acuíferos se mantiene activa en paralelo. Un informe de la Inspección General de Agricultura divulgado en julio de 2024 señaló al Alentejo y al Centro como las regiones del país con mayor número de municipios con captaciones de aguas subterráneas para consumo humano en desconformidad con la ley de protección de los recursos hídricos.
La persistencia de captaciones irregulares y el recurso a sondeos complementarios muestran que la infraestructura de Alqueva, a pesar de su dimensión en 2026, no absorbe en su totalidad la vorágine hídrica exigida por los modelos de explotación superintensiva. Factores estacionales, como la clasificación del periodo entre marzo y junio de 2026 como seco por el IPMA debido a la precipitación reducida y la elevada evapotranspiración, obligan frecuentemente a los agricultores a buscar fuentes suplementarias cuando las dotaciones públicas sufren restricciones o ajustes previstos en los planes anuales.
Señales de recuperación y nuevas exigencias
La evolución de los niveles freáticos subterráneos presenta señales mixtas que demuestran la volatilidad de los recursos hídricos en la región del Alentejo. Según datos divulgados por la Agencia Portuguesa del Ambiente en mayo de 2026, el análisis efectuado en 313 puntos de observación distribuidos por 54 masas de agua subterránea indicó que la mayoría presentaba niveles cercanos o por encima de la media histórica registrada para el periodo.
Esta recuperación puntual llevó incluso a la Administración de la Región Hidrográfica del Alentejo a publicar, a través del Edicto n.º 000073-ARHALT de mayo de 2026, el levantamiento de la restricción al licenciamiento de nuevas captaciones de aguas subterráneas en el acuífero de Moura-Ficalho. La decisión se fundamentó en la recuperación significativa de los niveles observada específicamente durante el año hidrológico 2025/2026, permitiendo la reanudación de la emisión de nuevos Títulos de Utilización de Recursos Hídricos.
No obstante, la propia Agencia Portuguesa del Ambiente subrayó en mayo de 2026 que esta recuperación no es homogénea ni estructural, manteniéndose situaciones de elevada vulnerabilidad en varias zonas del territorio. Como contrapartida regulatoria, los nuevos títulos emitidos pasaron a quedar condicionados a la instalación obligatoria de sensores de nivel con teletransmisión y al reporte automático de los volúmenes captados, transfiriendo al ámbito digital el escrutinio de una explotación que continúa probando los límites de los acuíferos locales.